La hondureña Angie Peña Melgares desapareció en la isla de Roatán, Caribe de Honduras, tras salir a pasear en una jet ski durante las celebraciones de Año Nuevo.

Desde entonces, su paradero continúa siendo desconocido, y el caso se ha convertido en símbolo de la crisis de desapariciones en el país.

Las autoridades hondureñas han manejado la hipótesis de un secuestro vinculado a redes de trata de personas, lo que dio relieve a la presencia de organizaciones criminales en Islas de la Bahía.

En cuatro años, al menos una decena de personas –entre hondureños y estadounidenses– han sido detenidas, acusadas de integrar la red conocida como “Delta Teams”, señalada por delitos de trata, prostitución de menores y pornografía infantil.

La familia de Angie mantiene la esperanza de encontrarla con vida. En 2024, la viceministra de Seguridad, Julissa Villanueva, aseguró que “ya sabemos quién la tiene y qué sucedió alrededor de su rapto”.

Más recientemente, el Comité Interinstitucional contra la Trata de Personas afirmó contar con información que sugiere que Angie podría estar viva en un país del sur.

El caso ha expuesto la vulnerabilidad de las mujeres en Honduras, donde más del 36% de las desapariciones reportadas en los últimos años corresponden a mujeres. Cuatro años después, el misterio y la impunidad siguen rondando, mientras la sociedad hondureña exige justicia y respuestas.