Bajo un secretismo de su gabinete y los detalles de su investidura, el presidente electo Nasry Asfura, conocido popularmente como “Papi a la orden”, prestará hoy su juramento ante el Congreso como el gobernante número 12 desde el retorno de la democracia en 1982 y con una agenda cargada de urgencias por resolver a partir de este mismo día, entre ellas, el abastecimiento de medicamentos, el empleo por hora y convenios con clínicas privadas para reducir la mora quirúrgica.
De 68 años, Asfura ganó la presidencia en los pasados comicios del 30 de noviembre del 2025 por una diferencia de 26 mil votos a su adversario liberal, Salvador Nasralla, prefirió prestar su promesa de ley en la Cámara Legislativa y no el estadio Nacional de Tegucigalpa, donde se celebraron las ceremonias de este tipo desde 1956.
Su triunfo es considerado por los analistas como un mandato de los hondureños para ponerle fin al caos, la ingobernabilidad, los excesos de poder y el aislamiento del país a la inversión extranjera, que caracterizó al gobierno del socialismo democrático que llega a su fin este día.
NO IRÁ XIOMARA CASTRO
El carismático político y dos veces alcalde de la capital entre 2014-2022 sucederá en el cargo a Xiomara Castro, quien no ha confirmado su asistencia al evento, ni tampoco reconoce el triunfo de Asfura llamándolo “de facto” en sus últimas intervenciones públicas.
Ha sido una costumbre que los presidentes salientes le entreguen la banda presidencial a su sucesor, pero esto no sucederá este día. Como tampoco sucedió cuando Castro asumió el poder, ya que ella prohibió al saliente, Juan Orlando Hernández, acercarse al estadio, donde una juez la juramentó gobernante de Honduras.
Tanto Asfura como su partido se quedaron esperando que la primera mujer hondureña en ejercer ese cargo felicitara a “Papi a la orden” como él lo hizo, cuando ella ganó la presidencia en 2021. Por el contrario, los dirigentes nacionalistas han condenado la actitud mezquina de la exgobernante, cuyo destino y estilo de vida se desconoce una vez que deje el cargo este día. Castro tampoco se presentó en el Congreso Nacional para instalar la primera legislatura del 2026, bajo la titularidad de Tomás Zambrano, en la presidencia de la junta directiva.
ACTO
Asfura es discreto, humilde y toda su agenda como mandatario electo ha sido un misterio para la prensa; sin embargo, a esta hora, dada la escueta información que se maneja del acto de investidura, el primer mandatario llegaría a las 7:00 de la mañana a la sede del Poder Legislativo y prestará su promesa de ley ante el titular de ese poder del Estado, Tomás Zambrano, en presencia del cuerpo diplomático como sus principales invitados.
A propósito de invitados, como si se tratase de una cirugía, los invitados han sido cuidadosamente seleccionados y, por primera vez, la prensa ha sido vedada de ingresar al recinto parlamentario, debido a que estará lleno y no hay cupo para más de 500 trabajadores de la comunicación acreditados para la toma de posesión.
Por otra parte, como reza el dicho: “la Magdalena no está para tafetanes”, el dos veces alcalde y ahora mandatario, se negó a hacer una investidura suntuosa, como la de su antecesora, que costó 60 millones de lempiras; por el contrario, jurará en un vetusto edificio, sede del Palacio Legislativo, donde los diputados celebran la asamblea de juramentación del presidente de la República.
La decisión de cambiar el lugar de la toma de posesión obedece, según sus allegados, a un acto de austeridad, dado el alto costo económico que implica un montaje de este evento y en su lugar ha preferido, una vez juramentado, recorrer el país para reunirse con alcaldes y sectores sociales con el fin de conocer “in situ” los principales problemas con los cuales arrancar su gobierno.
ACCIONES INMEDIATAS
Después de los actos protocolarios en el Congreso, Asfura se dirigirá a Casa de Gobierno donde, probablemente, anunciará al resto de sus ministros ya que, hasta ahora, solo ha confirmado a la canciller Mireya Agüero; al ministro de la Presidencia, Juan Carlos García y al de Finanzas, Emilio Hércules.
Desde su nuevo despacho anunciará también las nuevas medidas a tomar inmediatamente, entre ellas, según su círculo inmediato, cerrar por lo menos 40 agencias del gobierno con sus respectivos empleados para reducir en 15 mil millones de lempiras el gasto corriente.
El presidente electo también se propone vender el avión presidencial y cuyo permiso fue extendido ayer mismo por el Congreso luego que él lo solicitara el domingo, según fuentes de este poder del Estado. Además, ha pedido unas reformas urgentes, como la Ley del Empleo por Hora y los régimenes especiales en zonas industriales para generar unos 250 mil empleos. Ambas iniciativas fueron turnadas el domingo a una comisión de dictamen para aprobarlas en esta misma semana. Como medidas urgentes, el Congreso le estaría aprobando también un convenio con las clínicas privadas para reducir la mora quirúrgica.
ESPERANZA Y DESAFÍOS
Además de todas estas medidas inmediatas, Asfura tiene un prontuario de temas, según los analistas, a los que debe resolver tanto internamente como fuera del país y que podrían determinar el rumbo de su gobierno.
Para el caso, señalan, tiene que tomar una decisión si traer la ansiada Comisión Internacional Contra la Corrupción y la Impunidad (CICIH) que muchos sectores siguen pidiendo después que el gobierno de Castro no lo hizo como lo prometió en campaña.
Del mismo modo, debe esclarecer el destino de los fondos de la famosa “Tasa de Seguridad”, también conocido como Tasón, una instancia de recaudación multimillonaria de parte de los contribuyentes para la seguridad y el combate de la crimen organizado y cuyo manejo fue opaco tanto en el gobierno saliente como en el del expresidente Juan Orlando Hernández, quien lo creó.
Debe también decidir si ratifica la Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas, encabezada por el general Héctor Valerio, nombrado a principio de este mes por la presidenta Castro y queda en manos de Asfura ratificarlo o nombrar a otro.
En el contexto internacional, está por verse si el presidente electo decide continuar las relaciones con China, abiertas durante la administración de Castro, o regresar con Taiwán, el viejo socio oriental que quedó a la deriva junto a toda la cooperación millonaria.
